
Hace unos años, en el 2007 para ser exactos, tuve el privilegio de participar en la Escuela de Oficios el Porvenir, mejor conocida como “La Escuelita” en el Ejido el Porvenir dentro del Valle de Guadalupe. Hugo D’Acosta, quién si no, es el creador de un concepto que por simple no deja de ser genial: enseñar a quien quiera saberlo, cómo es que esta fruta llamada uva se convierte en vino por obra y gracia del ser humano.

Hay momentos en que quisiera mejor rajarme, pero hoy sí me voy derecho y no me quito y si me pegan me desquito. Yo sé, no me lo tienen que recordar, que ser informal, casual y alivianado es más relajante y divertido que andar con protocolos y reglas de comportamiento social. El famoso manual de Carreño, hoy en absoluto desuso, era la cosa más aburrida del mundo, con sus estrictos códigos de conducta que hoy en día mueven más a la risa que a la llamada de atención. Pero la realidad es que todo tiene un límite y, hoy en día, hay cosas que, como decía mi abuelita Lupita, me sacan de quicio.

Ser la primera y más famosa zona productora de vinos finos en el mundo le confiere a Burdeos privilegios de reconocimiento y trato preferencial que ninguna otra región del mundo tiene o tendrá, punto. Vamos a ponerlo en términos cinematográficos, ahora que se acerca la entrega de los famosos premios Oscar. La Meca del cine, como la llaman, no sé si con cierto sarcasmo, es y será, sin que nos quepa la menor duda, Hollywood.

Cada botella de vino que se adquiere en una bodega genera la carga de dos impuestos: el temible IEPS, el impuesto especial sobre productos y servicios, y el popular IVA. Todos los vinos que contienen hasta un 14.5% de alcohol, que son la gran mayoría, están sujetos al pago del impuesto especial, mismo que también se aplica a otros productos como la cerveza, el tabaco y la gasolina.

Uno de los temas menos objetivos, más polémicos y en el que todos tienen siempre sus asegunes a la mano, es el del precio de los vinos. ¿Cómo saber si el precio de un vino es el correcto, el que va de acuerdo a la calidad del contenido, el que se justifica por el valor del producto y del productor?
¿Qué cantidad de vino es necesario tener para una comida familiar, para una reunión de amigos o para una fiesta, formal o informal, digamos una tertulia o cena de cumpleaños o una boda?

Dionisio del Valle se dedica a la divulgación de la cultura del vino. Sus actividades abarcan desde la capacitación para aquellos que se dedican al servicio de la restaurantería, hasta las charlas para la gente que desea conocer más acerca del mundo del vino, a través de sus “Monólogos de la Barrica”, pláticas interactivas con consumidores curiosos que se atreven a contratarlo. También comercializa vinos de la región dentro y fuera de la península y organiza expediciones a los valles de Ensenada con el simple y grato objetivo de disfrutar la vida. Para quien se apunte.
Sobre la columna Dionisio del Valle
El camino del vino nunca se anda solo. Su poder gregario es incuestionable. Es casi imprescindible la necesidad de “platicar el vino” con alguien. Probar un vino es preámbulo de un diálogo en el que, sin importar el tema que se trate, su presencia no puede pasar desapercibida.
A mí me gustaría iniciar ese diálogo con ustedes a través de esta herramienta imprescindible y maravillosa que es la red. Una conversación quincenal que nos permita a todos acercarnos juntos a este milagro concebido por la Naturaleza y por el ser humano.
Nuestra península es tierra de vinos y la gastronomía bajacaliforniana ha ido madurando, adquiriendo una personalidad propia, divulgada a través de las manos creativas de sus protagonistas.
Vivimos en un país en que abundan las paradojas y la historia del vino mexicano no es la excepción. Ni los trescientos años de dominio español ni el adulador afecto que las clases más favorecidas y una gran mayoría de nuestros intelectuales tuvieron por la cultura francesa durante los últimos años del siglo XIX y principios del XX, lograron arraigar en los mexicanos al vino como una seña de identidad, pese a que fuimos el primer país del continente americano al que llegaron las vides europeas y a pesar también de la influencia que esos dos países, grandes productores y consumidores de vino, tuvieron en todos los ámbitos de la vida nacional. Poco a poco, sin embargo, crece el interés por el vino y su inagotable capacidad para enriquecer la gastronomía. La cocina mexicana se merece una industria vinícola creciente y vigorosa así como consumidores entusiastas que estimulen a su vez a los productores a no frenar los esfuerzos encaminados a la consolidación de aquella.
Pongamos juntos en este espacio nuestro granito de uva para lograrlo.
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